Jaime Ospina es un ilustrador, pintor y dibujante manizaleño cuya historia en el mundo artístico ha estado marcada por la huella que han dejado las experiencias en su vida. Criado entre los 90 y los 2000, este artista ha estado influenciado por los cómics y las caricaturas, se formó en la que él mismo llama «la época dorada de Cartoon Network, Nikelodeon, Locomotion y MTV, donde los cómics se conseguían hasta en los supermercados».

Una posible explicación de su peculiar estilo artístico se encuentra en la afinidad que tuvo durante su niñez con los libros de historia de la evolución, dibujos de dinosaurios, neandertales y arte rupestre. Más delante, durante su adolescencia, fue absorbido específicamente por el simbolismo y el expresionismo, para finalmente profesionalizar su pasión y sus conocimientos.

«Conocí a un gran amigo que me involucró, inspiró y enseñó mucho de la ‘ilustración’ motivándome lo suficiente para dar mis primeros pasos en el internet y un ambiente más profesional».

El camino artístico de Jaime Ospina ha estado marcado por su evolución personal. Su dedicación y pasión son producto de su tenacidad y capacidad de convertir su propio malestar existencial en sus ganas de crecer de la mano de su arte.

«Era todo un cliché adolescente así que, preocupado por alguna especie de futuro lleno de insatisfacción, decidí que debía ser bueno en algo más que jugar Pokemon y ver Invasor Zim todo el día».

Respecto a su época escolar, Ospina recuerda un especial rechazo hacia las matemáticas, sentimiento que más adelante entendería al darse cuenta de que su cerebro tenía otros intereses. Así mismo, recuerda con cariño a algunos profesores que notaron su talento «y a dos, particularmente, que me ayudaron mucho a forjar mi interés por el arte y la historia, prestándome material como lo fue un libro de historia del arte en donde pude observar con muy buen detalle la pintura de Rembrandt, El Bosco, Goya, Klimt, el simbolismo y los impresionistas» afirma.

Contrastando el sentimiento de agradecimiento con quienes han creído en su talento, Jaime afirma: «la ira ha sido una constante para dedicarme de lleno, y un gran impulso que va desde un medio de expresión para el inconformismo hasta una forma de callarle el hocico a mucha gente».

«Creo que mi dedicación al arte es una historia de venganza constante porque soy abrumadoramente competitivo».

Su estilo, al igual que él, se encuentra en constante cambio, sin embargo hay algunos elementos que son recurrentes en sus dibujos, ilustraciones y pinturas, los cuales elige con base a su contraposición de lo sagrado.

«Mi trabajo tiene una constante que es la muerte y la condición humana. La muerte es como un absolutismo y lo único seguro que hay en la vida, la condición humana es a lo que estamos limitados; es una paradoja entre libertad y esclavitud».

«Siento que es de interés para las mentes curiosas, mentes que les gusta lo oculto y lo negado».

Sus influencias son múltiples e incluso contrarias, entre ellas se encuentran Phil Hale, Aron Wiesenfeld, Faraz Shanyar, Hanna Barbera, David Fincher, Francisco de Goya, Nicolás Uribe, David Bowie, Käthe Kollwitz, Al Columbia, Guillermo Del Toro, Edvard Munch, Mike Mignola, Gustav Klimt, Maxwell Atoms, etc. Contrastes y contraposiciones de visiones que se condensan en la mirada de este artista que no define su trabajo con palabras trascendentales, sin embargo, para él…

«No hay certeza de que el universo implosione en los próximos 10 segundos».